Todo el mundo conoce que pasó con los dinosaurios hace 66 millones de años, pero no tanta gente conoce un hecho que sucedió antes y fue mucho peor. Un cataclismo que terminó con el 90% de los seres vivos del planeta, bastante más que durante la extinción de los dinosaurios. La última prueba descubierta es el cráter en la “Tierra de Wilkes” (Antártida), en el año 2006. Con esta prueba queda bastante claro lo que pudo pasar, aunque el cráter está bajo 1 km de hielo y todavía es difícil su investigación.
Para un aficionado a la geología como yo, tener una buena imaginación es de gran ayuda para entender lo que esta ciencia nos enseña y con este post pretendo contar (desde mi imaginación), como debieron ser aquellos días.
Hace 252 millones de años, el planeta tenía un súper continente llamado Pangea con grandes regiones verdes y con grandes desiertos también. El resto era un gran océano lleno de vida llamado Panthalassa. Los animales eran muy diferentes a los actuales. Por ejemplo, no había plantas de flores ni mamíferos como los actuales. Tampoco había dinosaurios, era otro tipo de criaturas grandes.
Los días antes de la catástrofe se podía ver un gran cometa en el cielo incluso a la luz del día. Su brillo era cada vez más intenso. Yo creo que se trató de un cometa, es decir, una bola inmensa de hielo y escombros espaciales, ya que desconozco la presencia de iridio en el estrato que marca el evento, entre otras cosas. Hay que decir que en aquellos tiempos había muchos mas cometas y asteroides que hoy. Eran restos de la formación del Sistema Solar que poco a poco y por azar caían a los planetas o iban directos al Sol. De todos modos, es extremadamente complicado que un “pequeñísimo” objeto veloz en la inmensidad del Sistema Solar se cruce con La Tierra, otro “pequeño” objeto flotante y veloz, como encontrar una aguja en un pajar o mas difícil.
Un día cualquiera en la vida de esas pobres criaturas, la brillante luz del cielo tocó la tierra. Una bola de materia de unos 40 km de diámetro impactó a una velocidad de varios km/segundo (menos que un abrir y cerrar de ojos!). El cometa se clavó en la corteza de La Tierra atravesándola como si fuera una bala de cañón. La explosión tuvo un diámetro de cientos de km y la atmósfera fue desplazada entera produciendo vientos poderosísimos que arrancaron todo “de cuajo”. La onda expansiva se extendió por toda la superficie del planeta llegando hasta las antípodas y cerrándose en circulo, generándose allí algo similar a un segundo impacto. Esto se debió a que la onda de choque que recorrió el planeta por su interior, también terminó en ese mismo lugar. Toda la corteza de La Tierra osciló con un movimiento similar al de una cama de agua y se produjeron terremotos de magnitud 11, tsunamis de centenares de metros por todas las costas, lluvia de rocas que fueron lanzadas desde el lugar de impacto y volcanes dormidos entrando en erupción al instante por todo el globo.
Como decía en el anterior párrafo, en las antípodas del impacto el suelo saltó por los aires rompiéndose en pedazos. En terremotos producidos en siglo XX y de magnitud 9 se ha llegado a medir una elevación del suelo de hasta 15 metros, pero en este caso todo fue exageradamente espectacular. Una pluma mantélica enorme fue lo que golpeó con fuerza bajo los pies de las pobres criaturas. El suelo se abrió por todas partes y comenzó a fluir magma hasta formar lo que hoy conocemos como “Los Traps de Siberia”, la mayor extensión de rocas volcánicas no sumergidas del planeta. Aquel lugar era infernal, igual que el cráter de 500km de diámetro al otro lado del globo, expulsando gases nocivos durante años. Se han medido grandes cantidades de carbono (de CO2) y mercurio en los suelos de esa época. También existen buenos yacimientos de níquel y metales pesados en Siberia, prueba de la gran perturbación que se produjo en el manto. Esos gases de efecto invernadero subieron la temperatura media del planeta unos 5°… Y no es poco, porque hoy se sabe que desde hace siglo y medio la temperatura ha subido 1° y vemos lo que esta pasando. Además, si se trataba de un cometa, este añadió a la atmósfera gases indeterminados al desintegrarse, a parte de mucho vapor de agua. Ese aumento de la temperatura fue finalmente lo que acabó con los seres que aguantaron el día del impacto.
Pero no fue tan sencillo, la vida es muy resistente!. Como un efecto dominó, la subida de la temperatura provocada por los volcanes calentó el océano y entonces el gas metano (gas mucho más dañino que el CO2) atrapado en los fondos oceánicos, se liberó provocando una subida de otros 5°. El agua se calentó demasiado, aumentó la acidez y hasta el color dejó de ser azul durante miles de años. Se cree que sólo un 5% de la vida marina pudo sobrevivir, además de algunas especies que continuaron su evolución fuera del agua.
En las zonas emergidas del planeta no debió quedar ni un árbol en pie… Bueno, los antepasados de lo árboles actuales, que seguramente colonizaron las montañas más altas donde el clima sería más agradable. Las regiones menos elevadas se convirtieron en un desierto inhóspito donde la única vida que se podía ver era hongos y líquenes. Los insectos pequeños, lagartos pequeños y nuestros antepasados mamiferoides pudieron alimentarse con pequeñas porciones de comida hasta que el clima volvió a ser apto para criaturas más grandes, apareciendo poco a poco los famosos dinosaurios. Los mamíferos tuvieron que esperar muchos millones de años más para reinar en el planeta y sobrevivir todavía a más de una gran extinción.
Toda la vida que vemos ha salido de ese 10% que sobrevivió, la que mejor se adapta, la que más “aguante” tiene.
Como curiosidad, pongo una foto de huellas de Ticinosuchus. Este animal vivió durante el proceso de recuperación de la vida que duró más de 10 millones de años. Su especie no logro adaptarse y se extinguió, pero otros miembros de su familia evolucionaron hasta los cocodrilos actuales. Las huellas se encuentran en el cantón de Valais (Suiza), a 2400 msnm.

